¿Debemos hablar con los niños sobre el duelo?

Todos hemos vivido momentos complicados, donde emociones como el miedo, la ira o la tristeza estaban muy presentes. Por ejemplo, el fallecimiento de un ser querido. Cuando tenemos hijos y ocurren situaciones como esta nos encontramos ante el dilema de decirles la verdad o «protegerlos de la realidad». ¿Debemos hablar con los niños sobre el duelo?
Contar la verdad a los niños es una buena herramienta para que puedan aprender a gestionar las situaciones difíciles que se les van presentando en la vida.
El miedo de los adultos ante el sufrimiento de los niños
Socialmente es muy frecuente que respondamos con evitación, rechazo o negación ante el dolor. Creemos que alejarnos del sufrimiento nos protege del dolor. Tenemos muy marcada esta conducta, e incluso pensamos: «si yo he aprendido a protegerme de esta manera, con más razón lo haré con mi hijo».
Intentamos alejar a los mas pequeños de las «realidades duras» con el fin de prevenir un dolor innecesario. Pero, sí que debemos hablar con los niños del duelo. No hablarlo refuerza la negación de los eventos dolorosos, y aumenta el sufrimiento.
En muchas ocasiones, los temores del adulto se ponen en juego ante situaciones difíciles que hay que comunicar al niño. La creencia de que «no pensar» en lo que ocurre, para no pasarlo mal, produce el efecto contrario. Si te decimos: ¡NO PIENSES EN UN ELEFANTE ROSA! ¿qué has pensado? Nosotros no tenemos la capacidad de hacer que las emociones se extingan, pero dejar que sigan su curso nos ayudará a conseguir un buen estado emocional.
Evitar el dolor no hace que desaparezca. Emociones como el miedo, la ira o la tristeza nos ayudan a superar las circunstancias difíciles e inevitables que nos encontramos en la vida. Es importante que estemos atentos a las señales que nos envían a través de nuestro cuerpo, y no huir de ellas.
¿Qué necesitan los niños?
A menudo, intentamos mantener a los niños en una burbuja. Creemos que ellos no están preparados para afrontar situaciones difíciles, o que no las van a entender, ¿pero quién está realmente preparado para escuchar algo doloroso? Los niños en algún momento encontrarán problemas que nosotros no podemos solucionar, y esto forma parte de la vida.
Para que la burbuja no explote de repente, es importante tener en cuenta las necesidades que tienen los niños. Cuando dejamos a los niños fuera de lo que ocurre a su alrededor, en la realidad, más que protegerlos los aislamos, y esto puede hacer que se sientan abandonados. Contar la verdad sobre lo ocurrido les ayudará a integrar las situaciones difíciles, y a adaptarse mejor. Y lo más importante, aprenderán a tolerar la frustración.
Nuestro cuerpo también habla
El 90% de la comunicación que establecemos se transite de forma no verbal. Todos interpretamos la información que recibimos, con ayuda de los gestos, el tono de voz e incluso con los silencios. Todo ello nos ayuda a desvelar si el mensaje es contradictorio. No es posible silenciar lo que sentimos, pues nuestro cuerpo y nuestros gestos nos delatan.
Cuando mentimos a un niño o le ocultamos la verdad ellos lo perciben, igual que los adultos. Dependiendo de la etapa evolutiva en la que se encuentren, si no les contamos lo sucedido, a largo plazo pueden sentir culpa, miedo, desarrollar problemas de conducta, etc.
Tener una buena comunicación con los hijos favorece el vínculo padres e hijos. Una buena comunicación trasmite seguridad y confianza, y es necesaria para ayudar a los niños a hablar sobre sus temores e inquietudes. Además, también ayuda a los niños a aprender a expresar su dolor. Demostramos con pequeñas acciones que hablar sobre aquello que nos duele, aunque sea duro, es el camino para afrontar los momentos complicados de la vida.
Comunicar acontecimientos con impacto psicológico negativo en los niños:
- Buscar un momento de intimidad donde el niño se sienta en confianza, ya que el mensaje tiene mucha carga emocional. Por ejemplo, cuando estemos con el a solas en casa, y sea un momento en el que no nos van a interrumpir.
- La persona que comunique la situación complicada debería de ser una persona en la que el niño confíe. Por ejemplo, su cuidador principal o su figura principal de apego.
- Dar cierta «normalidad» en la medida de lo posible. Las dificultades de la vida son inevitables. Manifestar que podemos enfrentar estas situaciones les trasmitirá seguridad. Por ejemplo, antes de darle el mensaje es buena idea estar tranquilos y, si es posible, lo podemos hablar antes nosotros con alguien.
- Exteriorizar lo que sentimos. Es importante que los niños sepan que no es fácil enfrentar los problemas, pero hablar de ello y apoyarnos en los demás ayuda a sobreponerse. Por ejemplo, podemos decirles que emoción sentimos, y compartir que para nosotros también es triste.
- Tener claro lo que quiero contar, valorar lo que puede entender y asumir al niño. Adaptar nuestro lenguaje al suyo, ellos irán marcando los límites preguntando o esquivando el tema. Por ejemplo, si queremos decirle que ha fallecido la tía Claudia podemos empezar con algo como: «La tía Claudia ha muerto».
- Decir siempre la verdad teniendo en cuenta su edad. Contestar a las preguntas de manera sincera evita que se creen falsas esperanzas o que se imaginen cosas. Además, crea confianza. Por ejemplo, si nos pregunta: ¿Qué le ha pasado a la tía Claudia? Le diremos la verdad de manera sencilla y eligiendo palabras suaves. No es lo mismo decir la tía Claudia se ha «estrellado» con el coche que la tía Claudia ha tenido «un accidente» con el coche.
- Después de comunicar a los niños una noticia difícil es necesario mostrarles cariños y que estamos disponibles para ellos. Por ejemplo, le puedes abrazar o acariciar la cabeza.
- Debemos estar atentos de sus reacciones emocionales y a sus necesidades, dependerá mucho de la edad del niño. Por ejemplo, pueden tener pesadillas, «contagiarse» del estado anímico de sus cuidadores, o tener conductas regresivas como chuparse el dedo o hacerse pis en la cama.
- Mantener las rutinas en la medida de lo posible. Debemos evitar cambios innecesarios. Les daremos tiempo para que se puedan adaptar. Por ejemplo, si la tía Claudia les llevaba todo los días al parque, el niño debería ir al parque con otra persona.
En conclusión
El miedo que se manifiesta a la hora de cuidar a nuestros hijos puede ayudarnos a protegerlos, pero en ocasiones, nos limita y no nos deja tener en cuenta que es lo que ellos necesitan realmente. Nuestra historia de vida, nuestro entorno, nuestra genética, etc., nos marcan el camino, es inevitable equivocarse, pero también tenemos la capacidad de construir nuevos aprendizajes.
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Autora: Sara Ávila
Psicóloga General Sanitaria en Self Psicólogos Majadahonda
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Bibliografía
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Rivero, S. G., & Badenes, L. V. (2016). Cómo comunicar malas noticias a adultos ya menores: Propuesta de Protocolos para Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Calidad de Vida y Salud, 9(1). Comunicar malas noticias a menores